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Documental - Culturas - La Vanguardia

Documental Culturas – La Vanguardia

Culturas, La Vanguardia, septiembre 2006

Autora: Brigitte Szenczi

Tiempo relativo / tiempo absoluto

Brigitte Szenczi (Budapest, 1943) y Juan Antonio Mañas (Madrid, 1946) exponen juntos desde 1977. Su medio de expresión más habitual es la pintura, aunque también han trabajado con otros medios. Su obra busca explorar espacios imaginarios. Los cuadros “Tiempo relativo” y “Tiempo absoluto”, realizados en común, se expondrán junto a otras obras realizadas individualmente por los artistas a partir del 26 de septiembre en la Sala Parés de Barcelona.

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Qing-deng

“Dos dimensiones del tiempo” es una ensoñación plástica alrededor de dos conceptos del tiempo, que llamamos tiempo absoluto, el ser, y tiempo relativo, el devenir; dos concepciones que enlazan con dos grandes corrientes del pensamiento que no han dejado de oponerse, la de Parménides, que imagina el tiempo como una sucesión de posiciones fijas, y, la de Heráclito, que equipara materia y movimiento perpetuo.

Si el tiempo es este estado que nunca encontramos directamente pero que contiene todo lo que encontramos, no puede existir el mundo sin el tiempo. El tiempo es consustancial al mundo: nada puede ocurrir ni seguir fuera de él.

En esta obra pretendemos simbolizar, con las imágenes del mundo que contiene, el tiempo relativo y el tiempo absoluto. En unas galerías concéntricas y simétricas, sin principio ni fin, unos objetos-concepto se encuentran dispuestos en un desorden-orden, sobre unos estantes que corren alrededor de unos muros ciclópeos.

En el dominio del tiempo relativo, estos estantes se elevan sobre una espesa capa de arena, símbolo de la multitud de edades pasadas. En esta gigantesca vanitas un niño gira la rueda del devenir. Como el tiempo está indisolublemente ligado al espacio, dos mapas cubren el fondo del muro: uno, antiguo, representa un fragmento de la ruta de Alejandro en su paso por Afganistán hacia la India (Alejandro paradigma del carácter efímero de la gloria) y el otro, reciente, señala la ubicación del monte Kronion, el monte de los tiempos, en la Grecia actual. Un gigantesco rostro de Einstein parece decirnos que el tiempo no es objetivo ni absoluto, sino que cada observador maneja su propio tiempo variable según la velocidad y su punto de vista (véase el ciclista a la izquierda del mecanismo de relojería y el alpinista debajo del mismo). El niño que sopla burbujas de jabón indica la impermanencia del mundo manifestado. En un lugar apartado una gigantesca tela de araña, la tela de las ilusiones que oculta la realidad del mundo, está amenazada por las tijeras de las Parcas. Una mujer, en actitud melancólica, medita sobre el paso de las generaciones humanas que parecen engendradas por una gigantesca rueda.

En la otra galería, en la que se representa el tiempo absoluto, la puesta en escena es la misma que la anterior, pero aquí los estantes surgen de un agua inmóvil, cuya profundidad se desconoce y en la que se refleja el contenido de los estantes: las estrellas del cielo nocturno, la gigantesca cruz de los primeros números, símbolo de la eternidad para los chinos… En este espacio del tiempo sagrado encontramos la Sibila de Cumas de Miguel Ángel, profetisa del porvenir, un Buda meditando, un ojo en blanco debajo de la escalera zigzagueante de la búsqueda mística, numerosas espirales, el sol y la luna que se abrazan, símbolo alquímico del andrógino, y el loco del tarot, representación de un estado de supraconciencia o de trance.

El arte puede ser una manera de entrar en el tiempo absoluto, como el sueño, simbolizado por la cara de una muchacha con los ojos cerrados al lado de Jung, no muy lejos éste de la representación diagramática del vacío en física. Pues la física ha optado por el campo de Parménides, ya que su propósito es expresar el devenir a partir de elementos que escapan al devenir; contar historias a partir de reglas que son pero que no devienen.